La filosofía de Santo Tomás se basa en la común convicción universal de que los huevos son huevos... El tomista, en la plena luz del día, junto con todos los hombres, cree que los huevos no son gallinas, ni sueños, ni meras suposiciones prácticas sino cosa atestiguada por la autoridad de los sentidos, que procede de Dios
domingo, 7 de julio de 2013
jueves, 27 de junio de 2013
Manifiesto: Un huevo es un huevo.
La filosofía de Santo Tomás se basa en la común convicción universal de que los huevos son huevos. El hegeliano podrá decir que un huevo es en realidad una gallina, porque forma parte del proceso infinito del devenir; el berkeliano podría sostener que los huevos escalfados existen como existe el sueño, ya que es tan sencillo considerar el huevo la causa del sueño como el sueño la causa del huevo; el pragmático podría creer que obtenemos el mejor partido de los huevos escalfados olvidando que son huevos y sólo recordando que están escalfados. Pero ningún discípulo de Santo Tomás necesita confundir su cerebro para confundir los huevos de forma adecuada o contemplarlos desde un determinado ángulo, mirándolos de soslayo o guiñando los ojos con el fin de verlos simplificados. El tomista, en la plena luz del día, junto con todos los hombres, cree que los huevos no son gallinas, ni sueños, ni meras suposiciones prácticas sino cosa atestiguada por la autoridad de los sentidos, que procede de Dios.
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